viernes, 10 de julio de 2015


.¡¡¡¡.......La cinta rosada........TE ANIMAS A DETENERTE A LEERLO...???????

Un señor de alrededor de 50 años entró discretamente a un café y se sentó a una mesa desocupada.
Antes de hacer su pedido, se percató de un grupo de hombres más jóvenes sentados en una mesa cercana. Se estaban riendo.

Y le resultó obvio que se estaban riendo y burlando de él. No tardó demasiado en recordar que llevaba puesto un pequeño lazo rosado colocado sobre la solapa de su chaqueta y que éste era el motivo de las risas. Al principio los ignoró, pero las risas comenzaban a irritarlo.
Miró a uno de ellos, señaló su lazo y le pregunto:
”¿Esto te causa gracia?”

Con eso, los hombres se miraron entre si, desconcertados.
Aún tratando de contener la risa, uno de ellos le contesto:
- “No lo tomes a mal, sólo comentábamos lo lindo que te queda el moño rosado con ese saco azul”.

Con un gesto amistoso, el señor invitó al bromista a sentarse a su mesa. Incómodo como estaba, el joven aceptó, sin saber bien para qué.
Con voz muy calmada, el señor le explicó:
- “Llevo puesto este lazo rosado para alertar a todos sobre el cáncer de mamas.
Lo llevo puesto en honor a mi madre.”
- “Señor, perdone usted. ¿Su madre murió de cáncer de mamas?”
- “No, no está muerta. Felizmente está viva y muy bien de salud. Pero fueron sus senos los que me alimentaron cuando era un bebé. Y en sus senos fue donde descansé mi cabeza cuando estaba atemorizado o triste cuando era un niño pequeño. Estoy muy agradecido por los senos de mi madre por la salud de la que goza hoy.”

- “Hummm”, contestó el joven, “¡claro!”
- “También llevo puesto este lazo rosado en honor a mi esposa”, siguió el señor.
- “¿Ella también está bien?”, preguntó el muchacho.
- “Oh, sí. Ella está perfecta. Y con sus senos alimentó y nutrió a nuestra hermosa hija hace 23 años. Estoy muy agradecido por los senos de mi esposa y por su salud.”
- “Entiendo. Así que supongo que también lo llevas puesto en honor a tu hija.”
- “No, ya no puedo llevarlo puesto en honor a mi hija, para eso es tarde. Ella falleció de cáncer de mamas hace un mes. Ella creyó que era demasiado joven para tener cáncer de mamas. Así que, cuando casualmente se notó un bulto, lo ignoró. Ella pensó que como no le causaba dolor, no había nada de qué preocuparse.”

Ahora abatido y avergonzado, el joven le dijo,
- “Oh señor, cuánto lo siento...”
- “Por eso, en memoria de mi hija, también llevo puesto este pequeño lazo rosado, porque me permite otorgarle a otros una oportunidad que yo ya no tengo. Así que ahora, anda y conversa esto con tu esposa y tu hija, tu madre y tu hermana, así como también con tus amigos.”

- “Y toma...” El señor metió su mano en el bolsillo y sacó otro pequeño lazo rosado y se lo entregó al hombre joven.
El muchacho miró el lazo que le fue entregado y levantando su cabeza le pregunto al señor:
- “¿Me ayuda a ponérmelo........?”

Para las mujeres a quienes les estoy mandando este mensaje:
Visiten regularmente a sus médicos, aprendan a revisarse solas y háganse una mamografía.

..¡¡¡¡Para los hombres a quienes les estoy mandando este mensaje:
No descuiden a las mujeres que aman.... y recuérdenles con frecuencia que deben cuidarse..!!!!
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Mwen byen nan peyi dominiken

Yo bien en el país dominicano, dice Felix Bonissette en creole. Alexis, Olis, Alfred, Joudne y Felix son obreros agrícolas en fincas arroceras de Angelina, Cotuí. En Haití no hay trabajo para ellos. Su gobierno no tiene políticas para crear empleos.

En República Dominicana tienen buenos amigos, excelentes vecinos y ganan bien.

“Allá no estaba haciendo nada, cuenta Joudne Fradere. Este país me gusta. Quiero quedarme tranquilo”.

Los hijos de Alexis Vaniere van a la escuela junto a los hijos de sus vecinos dominicanos. Sueña con tener casa propia en República Dominicana para no tener que vivir alquilado.

El orgullo de todos es que no entraron a nuestro país ni a pie ni por el monte, sino pagando pasaje.

Todos se regularizaron, consiguieron sus papeles, para evitar tener que vivir con “la cabeza voltiá”, explica Olis Louis.

Osmar Benítez, presidente de la Junta Agroempresarial Dominicana (JAD), estima que el Plan Nacional de Regularización logró inscribir el 60% de los haitianos trabajadores en el campo dominicano.

Recordemos que, en un plazo de 18 meses, se inscribieron 288,486 extranjeros, su casi totalidad haitianos, en el Plan Nacional de Regularización.

Decenas de miles de otros haitianos no pudieron lograr regularizarse porque el gobierno haitiano no les entregó pasaporte, ni quiso documentarlos, a pesar de todas las facilidades y el apoyo que le ofreció el gobierno dominicano.

Lo que explica porqué cerca de 37 mil haitianos sin papeles decidieran retornar voluntariamente a Haití, muchos con la esperanza de conseguir pasaporte allá, solicitar visa en el consulado y regresar a trabajar en República Dominicana.

A pesar de la buena voluntad y el apoyo de otros gobiernos, en cuya primera fila ha estado siempre el gobierno dominicano, el gobierno haitiano ha sido incapaz (o no ha querido) llevar a cabo políticas que creen empleo, que generen confianza y atraigan inversión extranjera y permitan el acceso de su pueblo a la educación y a la salud.

En lugar de fajarse a mejorar las condiciones de vida de su pueblo, el gobierno haitiano adopta la política de estimular que miles de sus ciudadanos “pasen” a República Dominicana y permanezcan aquí. Entienden que así se quitan la “presión”, el reclamo popular, de encima.



Ahora que el gobierno dominicano dijo basta de relajo y comenzó a poner orden en casa regularizando y documentando a los extranjeros, el gobierno haitiano no quiere a los suyos de vuelta. No quiere verlos ni en pintura. Para encubrir esa verdad, inventan la ocurrencia de una supuesta nueva crisis humanitaria y propalan en distintas capitales el absurdo de que si los haitianos regresan a su patria van a desestabilizar el poder político y pondrán en peligro las elecciones.

Los haitianos que residen en República Dominicana están muy claros sobre la naturaleza de quienes gobiernan Haití, de ahí su afán por regularizarse en nuestro país.

Felix Bonissette, viudo y con dos hijos, cuenta que los vecinos dominicanos los atienden cuando sale a trabajar. Hasta se ocupan de dar de comer a sus hijos. Su aspiración es que ellos –una quiere ser juez y el otro médico, se hagan profesionales.

Mwen byen nan peyi dominiken.

fe y libertad

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